Merecemos otro mundo: Más allá de Darwin y Trump

Santiago de Chile, 07/04/2026

No es fácil escribirles esto hoy, pero más difícil es asumir una posición de silencio cuando llevo años observando el sufrimiento humano, la deshumanización de nuestras sociedades y con ello siendo consciente de la hermosa posibilidad que nos estamos perdiendo en términos evolutivos y de bienestar, la posibilidad de mirarnos, mirar a la especie humana y darnos la oportunidad que quizás como sociedades nunca nos hemos dado. Hoy a menos de 5 horas de cumplirse un plazo que puede desencadenar un nivel de destrucción que no quiero para este mundo, les escribo con la esperanza de que este texto llegue a donde tiene que llegar.

Hoy desde la consciencia de que la supervivencia y evolución humana esta en juego quiero hablarte a través de este texto porque sé que otra sociedad es posible. Porque hoy, mientras se habla de avances,  estamos en medio de una segunda guerra fría que comienza a parecer más un movimiento estructural del tablero global del poder en torno a recursos estratégicos, al borde de una tercera guerra mundial, con miles de seres humanos perdiendo sus vidas, comenzando a pasar hambre, sufriendo , en estado de alerta, negación y desconexión…pienso que en algo nos equivocamos, en el momento que la vida de miles de ciudadanos inocentes depende de las decisiones de unos pocos, por muy elegidos democráticamente que fueran, por mucho poder o dinero que tengan. Esto también nos habla del modelo de sociedad que hemos conformado. Un modelo que hoy permite e impulsa una realidad que habla de distopías y totalitarismos, guerras , polarización , deshumanización y constante intento de redefinir lo humano.

 No tengo dudas que hoy son necesarios nuevos enfoques, porque ante la naturalización del sufrimiento humano que vivimos y vemos en el presente, seguirmos encontrando a seguidores de Darwin que siguen sosteniendo la idea de la supervivencia de los más fuertes, sin ir más allá Trump es un ejemplo de ello, sin embargo hoy necesito decirte que cuando Darwin planteo en su libro, “El origen de las especies” que “El objeto más excelso que somos capaces de concebir , es decir, la producción de animales superiores, resulta directamente de la guerra , de la naturaleza , del hambre y de la muerte”, el escenario que se manejaba y los conocimientos eran otros. Hoy la Teoría del Apego, el enfoque biopsicosocial de lo humano, como la Teoría del trauma complejo nos muestran que Darwin al menos desde estas miradas, realizo un planteamiento que puede ser cuestionado en la actualidad, cuando consideramos por un lado la posición de objeto que entrega al sujeto, a su vez enraizado en concepciones supremacistas, cuando realmente la naturaleza no habla de superioridad ni cosificación , si no de interdependencia y evolución. En este sentido, desde la teoría del apego, la evolución de los seres humanos no surgió de la lucha individual y la violencia, sino del vínculos , de la co-regulación, del cuidado. Incluso, el desarrollo del neocórtex humano (lo que nos permite procesos superiores en términos cognitivos) depende enteramente de un sistema de cuidados estable y de haber contado con una base segura. No al azar  Margaret Mead nos planteaba que para ella, el primer signo de civilización fue un fémur roto que se recupero, porque esto hablaba de un gesto de cuidado de otro que se dio el tiempo y el espacio para sostener.

Es en este sentido,  que podemos pensar que aquello que Darwin vio como camino a nuestra evolución hoy podemos entenderlo como un camino que daña, ya que si bien la adversidad moderada puede fomentar la resiliencia, en extremo y de forma crónica , y a su vez sin un tejido social y vínculos que sostengan, y entorno que hagan que los mismos sean posibles, el escenario cambia, ya que desde el trauma complejo, entendemos que la exposición prolongada a la amenaza (guerra, hambre, etcc) puede generar fragmentación impactando en la arquitectura cerebral, al afectar y alterar el eje HPA (hipotálamo-pituitario-adrenal), manteniendo al sistema nervioso en un estado de hipervigilancia o colapso. Esto no produce un ser humano evolucionado, sino un ser humano con tendencia a tener dificultades para el aprendizaje, memoria, capacidad de atención, la salud física y la conexión social, entre otros. A su vez un ser humano bajo estrés crónico que está en modo de supervivencia, puede ver afectado su  sistema inmunológico, predisponiendo a la persona a mayor posibilidad de presentar una enfermedad, como a su vez provocar envejecimiento celular prematuro. Junto a ello las investigaciones nos muestran que el estrés crónico afecta la corteza prefrontal , disminuyendo la capacidad de planificación y de orientarnos hacia objetivos,  llevándonos a su vez a comportamientos más automatizados. 

Hoy sabemos que el hambre y el estrés extremo pueden tener efectos a nivel de expresión de nuestros genes, dejando huellas que pueden heredarse transgeneracionalmente. El trauma desde un enfoque transgeneracional muestra que las privaciones de nuestros antepasados, pueden predisponer a las siguientes generaciones a enfermedades metabólicas y trastornos de ansiedad, lo cual contradice la idea de una “mejora” persé. No podemos olvidar que el trauma altera la expresión de los genes pudiendo predisponer a enfermedades, consumiendo recursos emocionales y cognitivos que podrían usarse para la innovación, el arte o la ciencia, para la vinculación…o el afecto.

Junto a ello, el trauma genera respuestas rígidas de supervivencia (luchar/huir/congelarse) pero la evolución requiere flexibilidad.  En este sentido , es importante tener claro que en una era que está demandado ir rápido por sobre nuestra capacidad humana, sin tiempo y sin pausas, mientras nos piden adaptación y aprendizaje, desde lo humano, nuestra capacidad de aprendizaje se ve impactada por el estrés, disminuyéndola. Con respecto a la innovación , un ser humano que tiene hambre o miedo disminuye su exploración; y orientara sus recursos a la supervivencia y defensa. Por último, cuando una persona experimenta estrés crónico, el cuerpo libera hormonas del estrés, como el cortisol, que pueden afectar la función cerebral disminuyendo la plasticidad , capacidad de aprendizaje y adaptación. Aún cuando se ha observado que después de una exposición al estrés agudo, los procesos ejecutivos mejoran , “cuando la respuesta fisiológica al estrés no logra volver a la homeostasis después de una activación aguda, o con una exposición prolongada y/o intensa al estrés (condiciones que son características del estrés crónico), las consecuencias para el organismo, tanto fisiológicas como cognitivas, pueden ser graves” (Stenfors et al 2013, en Milena Girotti et all, 2017) .

En este sentido mientras algunos siguen creyendo que el camino del dolor y la violencia es “el camino” para evolucionar, la realidad nos muestra desde nuestra naturaleza que es todo lo contrario, el hecho de que necesitemos oxitocina y contacto para no morir al nacer y luego desarrollarnos da cuenta que posiblemente nuestra “excelencia” biopsicosocial está cableada por el afecto y la conexión con otros. De alguna forma podemos decir que el cerebro humano alcanza su potencial a través de la exploración segura, pero para ello, necesitarnos facilitar ese camino. Sin embargo, en un mundo con múltiples crisis, las “soluciones” que están apareciendo no cuestionan el modelo, más que ayudarnos, anuncian un futuro deshumanizado entre bombas y manejado por maquinas, donde los algoritmos están colonizando los espacios vinculares afectando procesos constitutivos de lo humano y haciéndolo cada vez más vulnerable. Frente a ese mundo que nos dibujan como única  realidad posible, hoy recuerdo a Humberto Maturana y sus palabras para abrir la esperanza desde nuestra naturaleza vincular y afectiva, “Uno ve que toda la historia de la transformación del sistema nervioso tiene que ver con el hacer cosas juntos , y para estar juntos hay que disfrutar , la emoción que hace posible el origen del lenguaje es la que constituye la cercanía y eso es el amar, el amar tiene que ver con el ver, oír, con el estar presentes”.

Es importante que tengamos en cuenta que evolutivamente hablando, los grupos que prosperaron no fueron necesariamente los más violentos, sino los que desarrollaron sistemas de colaboración y altruismo más sofisticados, y para ello claramente pudieron estar presentes. 

En este sentido, creo y pienso que aunque la frase de Darwin y muchos de sus planteamientos,  han estructurado y sido la base para el desarrollo de ideologías y modelos que hasta ahora ha manejado nuestra sociedad, los mismos normalizan un tipo de violencia que afecta los procesos constitutivos de lo humano y de la red que sostiene e impulsa, y es en este sentido que desde la psicología moderna podemos cuestionar esa mirada, al entender que lo más avanzado evolutivamente hablando que hemos “concebido” , – el lenguaje , la consciencia, la afectividad, la empatía, el arte, la ética- son aspectos que no surgen en el campo de guerra, sino en el vínculo, en la contención , en el pensarnos y sentirnos junto a otros, en la colaboración y en la protección de la vida, lo cual implica el reconocimiento de nuestra interdependencia y vulnerabilidad , aspectos que siguen estando ausentes en las políticas que definen nuestras sociedades.

Claramente, de seguir ignorando los procesos constitutivos de la psiquis humana y el efecto negativo que pueden tener aspectos que hoy se consideran factores de riesgo, como el hambre, guerras, estrés crónico, etc,  que pueden interrumpir o afectar el desarrollo humano, como también el no considerar el efecto del trauma ni en el corto , ni en el mediano, ni en el largo plazo, ni a nivel transgeneracional , no estaremos ayudando ni a lo humano, ni a la evolución de nuestras sociedades, y menos a la productividad.

Por lo tanto, hoy les pregunto, ¿es la guerra, el hambre , la competición y el estrés constante, la negación de nuestras necesidades como seres humanos, como la negación nuestra naturaleza biopsicosocial lo que ayudara a avanzar a nuestras sociedades  hacia su verdadero potencial humano mientras seguimos sumando factores de riesgo?, ¿Es la tecnología? , para mi claramente no. 

En este sentido, no hay duda , que vivimos un punto de inflexión histórico, en el que la tecnología avanza a una velocidad sin precedentes en medio de una sociedad que parece deslizarse hacia una forma de caos que resulta confusa y también nueva, porque mientras los algoritmos ordenan datos y automatizan decisiones moldeando nuestra sociedad, y se alimentan del contenido que genera el ser humano, las relaciones humanas se fragmentan, la salud mental empeora, la desinformación se expande, la naturaleza es destruida, las certezas que conocíamos parecen quedar en la incertidumbre de cara a lo humano, y los escándalos vinculados a conductas perversas  ilegales y faltas de toda ética por parte de lideres políticos , del mundo empresarial y tecnológico , son minimizados en medio del mayor escándalo vivido en el último tiempo. La justicia se ausenta, pero proliferan las guerras en nombre de la libertad.

Algunos hablan de la caída de una civilización, otros hablan de una pronta extinción de la raza humana, otros del nacimiento de un modelo nuevo, mientras en paralelo el mundo pareciera no poder sostener los pilares de nuestra existencia, normalizando que algunos poderes vinculados al mundo tecnológico y político puedan estar por encima de nuestras democracias  o hagan uso de las mismas , moldeando el mundo y a lo humano a su antojo, haciendo intentos de reescribir la historia y también el futuro de la civilización humana.

¿Es esto lo que merecemos?, ¿Para esto elegimos a nuestros lideres? , yo al menos no.

Hoy es un día clave, nuestro silencio , solo dará espacio a más violencia, es ahora cuando el mundo debe decir BASTA, por los que estamos , por los que vienen, por los que vendrán…si les damos la oportunidad.

¡NO MAS VIOLENCIA CONTRA LO HUMANO! ¡NO MAS GUERRA!

Psi. Alejandra González Muniz.